domingo, febrero 26, 2006

Escribir / Un acto de pura voluntad (2)

Hay por ahí un libro de Stephen King, uno de mis autores favoritos, que es una joya ya no sólo para los aspirantes a escritores, sino también para todo aquel público aficionado a la lectura y la escritura. Dicho libro, “Mientras escribo”, lo compré en cuanto se editó en castellano y lo he leído unas ocho o diez veces. Siempre me sorprende la calidad narrativa y la sutil esperanza que resuma de su interior. Está dividido en dos partes; la primera es autobiográfica; la segunda entra de lleno en el acto de escribir. Con la misma naturalidad que en sus novelas, el maestro del misterio intenta desentrañar qué implica el hecho de escribir. Sus palabras hechizan a alguien que como yo aspira a escribir al menos historias coherentes y llenas de esa magia que parece privilegio de algunos pocos. El libro contiene muchos párrafos reveladores, como el siguiente:

“Me fío mucho más de la intuición, gracias a que mis libros tienden a basarse en situaciones más que en historias. [...] La mayoría de las ideas comienzan con la escueta sencillez del escaparate de unos grandes almacenes, o de un cuadro de museo de cera. Deseo poner a un grupo de personajes (o a dos, o puede que hasta uno) en alguna clase de aprieto, y ver cómo intentan salir. Mi trabajo no consiste en ayudarlos a salir, ni a manipularlos para que queden a salvo (serían los trabajos que requieren el uso ruidoso del martillo neumático, o sea, la trama), sino observar qué sucede y transcribirlo.”

Aunque se insiste en que no hay atajo para ser un buen escritor, resulta sorprendente esta conclusión. Es muy osado por mi parte, pero yo resumiría todo el libro con este párrafo. Los que hemos leído ensayos sobre narratividad sabemos a qué se está refiriendo, y sin embargo, parece que lo más difícil para un escritor es precisamente eso: no interferir, no manipular, dejar que la historia se desarrolle sola, que los personajes hagan lo que tengan que hacer y decir sin importarnos lo más mínimo. Sé lo espinoso que es porque lo he experimentado con cada una de mis novelas. Es difícil porque continuamente nos enfrentamos a nuestros deseos, a nuestro intelecto, a nuestra personalidad. En un momento dado, nos gustaría que tal o cual personaje dijera o hiciera algo en concreto, pero el buen escritor sabe hacer caso omiso a su intención más primaria a favor de los “pensamientos reales y humanos” de ese personaje. Es precisamente ahí donde ganamos o perdemos originalidad. Es justo lo que define un gran escritor de un escritor mediocre. Es por ello también que se suele decir que los escritores están locos o que tienen doble personalidad. Bueno.., en realidad, puede que no sea del todo cierto. Pero es evidente que hay que partir el alma y el corazón en dos o incluso tres pedazos para lograr una historia consistente y unos personajes auténticamente humanos.

Continuará...

lunes, febrero 06, 2006

La realidad que ha muerto

:: escuchando :: Staind "So far away" ::

¿Hasta cuándo hemos de seguir soñando? ¿Dónde está el límite de la ilusión? ¿Tienen límite los sueños? ¿Es el tiempo quien los mata, quien aniquila la esperanza? ¿Por qué seguimos ilusionados cuando todo fluye a contracorriente, cuando con un simple vistazo nos damos cuenta de que es el fin? ¿Y qué nos empuja a seguir adelante a pesar de todo? Es el hombre quien camina, mantenido por esa llama que llamamos esperanza, la raíz de nuestros males, la fuente de energía que nos convierte en seres extraordinarios y despreciables. Es el hombre el que alberga la ilusión, el querer y no poder, la sensación de que está cerca de su objetivo, que éste se aproxima; y que de repente se esfuma, que se volatiliza, tal vez para regresar, algo más tarde, cuando caigamos en la cuenta de que todo ha llegado a su fin. De que la realidad ha muerto...

... De que ni siquiera hubo realidad.

miércoles, febrero 01, 2006

Escribir / Un acto de pura voluntad (1)


Me estoy leyendo una novela cuyo título es “La ciudad de la oscuridad”, de Jeanne Duprau. Me la compré porque me enteré de que nada menos que Tom Hanks había comprado los derechos cinematográficos, imagino que para hacer una futura película. Aún voy por el segundo capítulo, pero la historia promete. En resumidas cuentas, el libro cuenta las aventuras de un pueblo en mitad de la nada. Los habitantes se están quedando sin enseres, sin alimentos, sin agua... Y lo peor es que nadie sabe qué va a pasar. Dicen que los que han osado salir de los límites de la ciudad no han regresado, pero son muy pocos los que lo intentaron. Todo se vuelve oscuridad, y no llega la luz del sol. Ni siquiera sabrán qué es el sol. Ahora, los protagonistas, dos adolescentes, pretenden tomar el relevo. Y hasta ahí.

El caso es que yo escribí una historia de apariencia similar en el 2002. Ni por asomo estoy dándole vueltas a lo que vosotros imagináis, sino que me fascina esto de las coincidencias. Bueno, tampoco es un argumento tan original, pero según se mire sí. En mi historia sí había sol, y aparecía dos veces en un mismo día... Todo era extraño. La gente vestía de manera similar. Y son dos personajes jóvenes los que se revelan contra lo establecido y buscan la salida de la isla, en mi caso. Guardo un especial recuerdo de esta novela que aún permanece guardada en una carpeta en mi habitación de Granada. Ojalá algún día la vea publicada, porque me parece una historia muy entretenida y está muy trabajada. De acción, diría yo. Pero me la imagino también en película. Siempre que escribo me imagino la historia en movimiento; o para cine o para televisión. De hecho, ya hice en Granada un curso de guionista bajo la dirección de Tacho González, guionista de una serie de Canal Sur y colega mío. Me imagino a todos estos escritores que ven sus historias en la gran pantalla y tiene que ser alucinante. Bueno, en el caso de Stephen King ya es más que eso, aunque siempre ha dicho que casi nunca ha quedado demasiado contento con los resultados, sobre todo con la versión de “El resplandor”, de Kubrick, y eso que Nicholson borda el personaje...

Hace ya unos meses que dejé de lado la literatura para volcarme de lleno en la música; sin embargo, siempre hay un momento cada día en el que me duele no haber escrito algo, no haber leído lo suficiente. Esta noche me ha pasado eso pero con más fuerza. Realmente, apenas tengo tiempo para sentarme a planificar una novela, ni siquiera un relato. Esto lleva su tiempo y su dedicación. Llevo cerca de un mes con el diseño de mi nueva web (en Flash y todo eso) y además dos más de clientes. Sí, el diseño web me encanta también y me da algo de dinero para poder ir tirando, ya que la música aún está difícil. Los últimos cinco años de mi vida estuve dedicado completamente a la rutina de escritor, convertido en ermitaño, todo el día metido en mi habitación leyendo, escribiendo y estudiando teoría narrativa. Eso era allí en Granada. Recuerdo levantarme de madrugada, desayunar y salir a pasear antes de volver a casa a sentarme a leer y luego a escribir, generalmente a retomar la última escena que había escrito el día anterior. No tenía 28 años y ya pensaba vivir para siempre así. Y era maravilloso. La sensación de crear, me refiero. Eso es increíble. Poner en marcha unos personajes y hacer que caminen juntos, que se quieran, que se odien, que se griten o que hagan disparates. Poner el mundo del revés. Sé que mi futuro es escribir. Lo sé desde pequeño. La música me atrae de otra manera, es algo más espontáneo, otra manera de mostrar tus habilidades artísticas. Además, siendo realistas, es más fácil vivir de la música que como escritor.., que ya es decir! No me imagino tocando la batería por escenarios con 45 años, aunque eso nunca se sabe, no? Probablemente, antes de que eso ocurra habré vuelto a la vida de escritor y volveré a inventar nuevas historias; las novelaré, con más experiencia y más sabiduría. Todo lo que la vida y el paso de los años nos da. Y si dios quiere y yo me lo propongo, habré dejado de fumar por fin, porque qué jodío es el dichoso tabaco. No hay manera de pararlo.

En fin, que esta noche es especial para mí. Es la primera vez desde que estoy aquí en Madrid que me pongo en serio a escribir algo con sentido, que me paro a pensar qué está pasando con mi vida y lo que puede que vaya a pasar. De momento, ya es un logro. La soledad es algo a lo que debemos acostumbrarnos los escritores. Y aquí, alejado de mi familia y de mi gente, la soledad es mucho más agresiva, diría yo. A veces se pasa mal. Ahora comprendo mucho más a toda esa gente que deja su familia y su hogar para buscarse la vida en otros lugares. Es una pena tener que hacerlo, pero a veces las circunstancias obligan, como aquel que dice. Es una prueba más que mide las ansias de algunos seres humanos. Podríamos conformarnos con cualquier otra cosa, pero entonces no seríamos felices nunca.

Espero volver pronto por aquí y dejar otro tipo de reflexión. Ahora se me antoja que tengo que hablar de tantas cosas... La soledad es siempre un buen tema; sobre la amistad, la envidia, la música, de cómo se crean los personajes novelescos, incluso del diseño web y los avances en este campo, de la batería como instrumento musical, de sexo también... De todo un poco.

Buenas noches, amigos y amigas del mundo.

Lo dicho.
JAQ